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La filosofía del desarrollo de
la comunidad está fundamentada
en la convicción de que los
grupos y las comunidades
organizadas constituyen las
bases del desarrollo y el pilar
del Estado como propulsor de ese
desarrollo. Esta premisa
responsabiliza al Estado de
crear los mecanismos adecuados
que tiendan a movilizar la
participación y la integración
total de las comunidades al
disfrute de los bienes y
servicios necesarios para
mejorar su calidad de vida, a
través de programas que los
conviertan en responsables de su
propio proceso de desarrollo.
El desarrollo comunitario como
filosofía, es esencialmente un
proceso educativo destinado a
crear actitudes y destrezas que
faciliten la superación de los
problemas socio-económicos de
los individuos y comunidades
rurales y urbanas marginadas del
país. En su aspecto de
implementación, integra todos
los recursos humanos, naturales
y materiales que permitan una
mayor oportunidad a individuos y
comunidades de crear una
sociedad más justa. Es, en
definitiva, un proceso de cambio.
Por esto, la filosofía del
desarrollo de la comunidad se
hace práctica, cuando se
promueve la participación de los
grupos marginados e inactivos,
cuando son motivados y
organizados, y son apoyados a
incorporarse en instituciones
generadoras de cambios.
En la República Dominicana, esta
filosofía toma su mayor impulso
a partir del año 1961, con el
término del largo período de
gobierno dictatorial que vivió
el país, junto con el cual
desaparecieron los obstáculos
que impedían el derecho de
agruparse y asociarse libremente,
a pesar de la existencia con
anterioridad de la ordenanza
ejecutiva (Ley 520) de fecha 26
de julio de 1920, sobre
asociaciones que no tengan por
objeto un beneficio pecuniario.
A partir de la caída de la
tiranía de Trujillo surgieron
varios organismos de promoción y
desarrollo comunitario, ubicados
en los sectores público y
privado; entre ellos, la
Dirección General de Desarrollo
de la Comunidad cuyo objetivo
fundamental fue “estimular y
promover el desarrollo integral
y la organización de las
comunidades urbanas y rurales
del país, mediante la
participación de la base
societaria como protagonista
activa de su propio desarrollo”. |